

Existe una condición anímica que debe alcanzarse antes de llegar y abordar tanta fragilidad. Se puede ser ladrón de tesoros en tumbas antiguas o tal vez, el aire corrupto que al contacto con el friso, daña para siempre sus colores.
El ser humano es más frágil de lo que creemos. Para tomar una foto de estas, uno debe desaparecer y acercarse como un susurro lejano que el viento trae y que el anciano, confunde acaso con un recuerdo.
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